Hola de nuevo, amigos. Hoy he empezado los exámenes, ya me he quitado dos de siete; me siguen quedando cinco. Está siendo una semana ajetreada, sólo es posible pensar en los exámenes y en estudiar. Hoy me ha pillado el día vago, no me apetece hacer nada, con cinco exámenes por delante... perfecto todo.
Bueno, esta vez os escribo para contaros una anécdota que ha tenido lugar hoy. Como ya anuncié en la anterior entrada, estoy realizando cambios en mi cuerpo. Empecé el viernes pasado y me está yendo bastante bien. Es un proceso que conlleva mucha disciplina y dedicación, cometer un fallo puede suponer arruinar el esfuerzo de toda una semana. En fin. Es muy importante beber mucha agua, y cuando digo mucha me refiero a unos cinco litros al día. Lo sé, estoy loca, pero es necesario en esta primera fase para purificar -suena mejor en mi cabeza-. Para poder beberme tal cantidad de agua, necesito ayudarme ratos libres en los que poder beber o cuando estudio o ahora mientras os escribo. Mezclo un litro de agua con un sobre de té frío de melocotón, se venden en el Mercadona de la marca HACENDADO; es una buena forma de "engañarme" y beberme los cinco litros. Bien. Una vez explicado y entendido esto, paso a contaros la anécdota.
Hoy, al salir al recreo para descansar de examen y prepararme psicológicamente para el siguiente, me he llevado al colegio una cantimplora de PRIMARK de un litro con el té ya preparado para beber. Una vez en el pasillo, me he quedado a esperar a unos amigos para salir juntos al recreo. Yo, toda contenta con mi té, estaba en el pasillo abarrotado de gente que iba de un lado para otro. Cada persona que pasaba se quedaba embelesada con mi super cantimplora. Es verde, transparente, con una pajita, preciosa. Llena hasta los topes de té, no podían dejar de mirarlo como si llevara una poción mágica o un brebaje místico. Me han preguntado de todo sobre el contenido de la cantimplora, de todo. Incluso me han dicho que era cerveza, flipante -es té, lo juro-. Me ha encantado ver la cara de un grupo de cotillas que no se atrevía a preguntar sobre el supuesto brebaje. Me miraban como si estuviera loca, y ninguno ha tenido narices de venir y preguntarme, no tengo ningún problema en contar qué es.
Chicos, la moraleja, aunque penséis que lo la hay, es la siguiente: aprende a reírte de ti mismo y haz de cualquier situación una oportunidad para hacerlo. Creedme cuando os digo que no hay nada mejor que aprender a hacerlo. Tu autoestima subirá enseguida cuando aprendas a hacerlo. No temas a quedar en ridículo y ríete con los que se ríen de ti, no hay nada que sepa mejor que reírse con alguien que se está riendo a la vez de ti. Ya verás como a ellos les sentará mal y dejarán de hacerlo porque verán que no te molesta.
Espero que te haya hecho gracia mi anécdota y que sigas mi consejo. De nuevo, muchas gracias por leerme, intentaré escribir pronto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario