Hola de nuevo. Ayer fue un gran día, tuvo lugar en mi ciudad la segunda edición de la copa Transpirenaica de Quidditch. Lo pasé muy bien con mi equipo -Imperius Zaragoza- y aprendí muchísimo sobre este deporte -en algún momento tendré que contaros de qué va-. Sin embargo, por la noche no fue todo tan bien. Tuve un par de riñas con gente importante para mí y bueno, no estoy bien.
No os escribo para que compartáis mi dolor -eso jamás-, sino porque escribir me relaja muchísmo y creo que es lo que necesito ahora.
En la vida me va a tocar darme muchas veces contra la pared por el carácter tan aguantable que tengo. Me dicen que cambie, que intente ser menos yo, pero es imposible. Tengo mucha paciencia con la gente pero llega un momento en el que se agota -como todo-. En ese instante pues exploto, como si de una bomba se tratase. Empiezo a decir palabras malsonantes y cosas que en un estado normal nunca pronunciaría. Soy así, chavales. Odio justificarme de este modo pero es verdad. Mi esencia -como la de cualquiera- es inmutable. No quiero decir que sea perfecta -jamás de los jamases- porque no creo que eso exista. No soy una persona presumida en absoluto y tampoco arrogante -como cree alguno-, sino al revés. No soy mejor que nadie y viceversa.
Mi consejo es el siguiente: no dejéis que nadie os diga cómo debéis ser. Si no gustáis a alguien, esa persona se lo pierde. Borrón y cuenta nueva, como se dice. Y sobre todo no llorar -debería aplicarme esto último- o por lo menos no todo el día cual madalena.
Gracias por leerme y espero que esto os sirva para no martirizaros. Y, como me gusta decir: escribir materializa mis ideas mediante el bailoteo de mis dedos sobre el teclado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario