Durante mi vida he conocido a muchas personas -y las que me quedan- que me han marcado, unas por ayudarme a crecer y otras por enseñarme sin darse cuenta. En la universidad he adoptado una madurez bestial, y gracias a ella he aprendido a diferenciar entre las personas que desean mi bien y personas que desean el suyo exclusivamente. Y creo que no vale o no es justo dedicarle tiempo a alguien y te devuelva silencio poniendo de excusa que la vida. Para tirarse de los pelos -cosa que no voy a hacer porque me gusta mi pelo-.
Ante esto, he decidido no pronunciarme y seguir con mi vida -que no es aburrida, la verdad-. La vida puede agobiarte de muchas formas, pero lo mejor no es alejarse sino pedir ayuda. O, por lo menos yo, cuando me agobio busco ayuda en los demás. Los seres humanos somos sociales por naturaleza y necesitamos a la gente. Va con nosotros. Yo no me imagino teniendo que enfrentarme a los exámenes de la universidad yo sola, necesito apoyo moral de mis amigos y de mi novio. A fin de cuentas la economista voy a ser yo y el título voy a defenderlo yo a capa y espada, pero detrás hay mucha gente que, sabiéndolo o no, me ayuda todos los días a seguir haciendo lo que me gusta con una sonrisa de oreja a oreja. Y ¿sabes que es lo peor? No se lo agradezco lo suficiente y me duele. Yo soy una persona que lo da todo por los demás y no me importa no recibir nada a cambio (actitud cristiana a full). Pero lo que no estoy dispuesta es a ser “de buena tonta” -nunca más, porque vaya trayectoria llevo-.
Me prometí a mí misma que no pararía hasta hacer brotar de mí una nueva persona más madura y con los pies en la tierra. Eso estoy haciendo, paso a paso, sin prisa pero no sin pausa. Una buena colleja -en sentido figurado, no vaya a haber algún gracioso que me la plante- es lo que me falta para reaccionar.Gracias por tragaros este rollo, sed felices y ya volveré.
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